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¿ES BUENO PARA LOS NIÑOS? Un texto de Ron Kurtz

Hakomi

Ron Kurtz fue pionero, entre otras cosas, en el uso del Mindfulness como elemento fundamental en psicoterapia. Comprendió la necesidad de que la psicoterapia debía basarse en la experiencia para ser un verdadero generador de cambio. También se dio cuenta de que las expresiones no verbales son más reveladoras en relación al material central que organiza la experiencia que las historias que contamos sobre nuestras vidas. En este sentido el cuerpo es una vía directa al inconsciente.

Kutz constató que hay un estado mental ideal para la persona que pretende ayudar, este estado se puede aprender y practicar. Comenzó a llamarle «Presencia Amorosa». A mediados de los 90 esto comenzó a ser el centro de sus enseñanzas del Método hakomi para profesionales o no profesionales. En este tiempo también se dió cuenta de la importancia de dirigirse lo antes posible a la experiencia nutritiva, especialmente aquella que anteriormente no fuera posible, en lugar de quedarse en la historia y creencias antiguas. La neurociencia actual respalda la importancia de este cambio de atención en psicoterapia.

(Extraido de hakomi.es)

Aquí os dejo un bello texto de este hombre, al que admiro y agradezco desde lo más hondo el poder de sus enseñanzas para enriquecer mi camino como terapeuta y como ser humano.

¿ES BUENO PARA LOS NIÑOS?

Durante la Guerra de Vietnam, fui a escuchar algunos discursos en la Catedral de la Gracia en San Francisco; una iglesia muy grande y muy hermosa. Era el lugar correcto para lo que estaba teniendo lugar ahí: una protesta contra la guerra. Aunque no soy particularmente religioso, me sentía sobrecogido tanto por el lugar como por el tema. La gente que habló era también de muy alto nivel. El titular de la catedral, Norman Vicent Peale, era famoso y había escrito varios libros muy populares. Los otros expositores habían recibido el premio Novel. Uno era físico. El otro era el neurofisiólogo George Wald. Ambos hablaron con elocuencia. Wald dijo «podemos hacer una sencilla pregunta sobre esta guerra: ¿es buena para los niños?» A mí me parecía un criterio muy razonable, la pregunta clara y sencilla ¿Es bueno para los niños? Recordé este discurso esta mañana y me pregunté: «¿Qué es bueno para los niños?». He aquí mi respuesta:

He estado leyendo un libro titulado «The Developing Mind» (la mente en desarrollo) de Daniel J. Siegel. El capítulo que me viene a la mente es sobre el apego. Es sobre los patrones de conexión emocional que desarrollan los niños como resultado de la clase de atención que reciben de sus padres. Estos patrones de apego son los que determinan fundamentalmente la clase de personalidad y de relaciones que tendrán los niños al crecer. Dan forma a la vida de cada infante.

Una de las cosas que afirma Siegel es que si uno de los padres tiene algún trauma o tristeza sin resolver, afectará negativamente a los niños. En otras palabras, no es bueno para los niños. Los traumas y penas no resueltos crean mayor dolor y sufrimiento no solo en los individuos afectados sino en sus hijos también. Siegel dice que «…. la falta de resolución permite que continúe el mal funcionamiento a través de las generaciones….» Los niños afectados por este tipo de males tienen una marcada falta de habilidad para regular sus respuestas emotivas y el flujo de estados de la mente. El trauma o tristeza de los padres necesita resolverse antes de que los niños puedan ser afectados por ello. Cuando no se resuelven los problemas del progenitor, éste no puede regular sus respuestas emocionales y se vuelve impredecible para el niño. Si el padre o la madre tienen cambios de humor impredecibles, el niño no puede encontrar una manera de sentirse seguro con ese progenitor. Los niños tienen la necesidad fundamental de progenitores de los que puedan depender. Si el progenitor no es confiable, el niño no puede crear un mundo confiable para sí mismo. El niño forma lo que se llama un patrón inseguro de apego. Esta es una perturbación a nivel básico, una deficiencia dolorosa en el desarrollo del yo, un defecto en la habilidad para controlar (regular) las emociones que pone graves limitaciones a todas las relaciones. En el caso de que el niño perturbado llegue a ser progenitor, la perturbación sin resolver pasa a sus hijos.

Así que cuando preguntamos «¿qué es bueno para los niños una respuesta es clara: que quien cuida a los niños sea confiable. Confiable de esta manera: que los que cuidan niños sean capaces de formar una relación con el niño en la que éste pueda tener confianza en que sus necesidades serán reconocidas y satisfechas en forma consistente. Entre estas necesidades está la necesidad de vivir en un mundo que tenga sentido, entonces el niño puede crearse un mundo que haga sentido. Sin embargo eso no es todo. El niño o la niña necesitan aprender a regular sus emociones. Lo hace posible la regulación consistente en el afecto de quien lo cuida. Así que sabemos lo que es bueno para los niños. Es bueno para los niños que los progenitores sean confiablemente tranquilos, confiablemente disponibles, confiablemente sensibles a las necesidades del niño y proveedores confiables.

En la terapia, cuando se necesita resolver el trauma y la tristeza, el terapeuta debe tener exactamente estas mismas cualidades: tranquilidad, presencia, sensibilidad, disponibilidad y las habilidades para ayudar al consultante a crear un mundo que sea coherente y tenga sentido, un mundo en que la persona pueda encontrar seguridad, consuelo y significado. Todo esto es fundamental para la salud psicológica y emocional. Y, necesitamos decirlo, la terapia es dar cuidado. Una o todas estas experiencias fundamentales – seguridad, consuelo, significado – es lo que le falta a las personas con problemas. Proporcionar estas cosas es la manera de romper la cadena de tristeza, trauma y vidas perturbadas.

No solo en terapia y no solo entre los niños y sus progenitores, sino en todas nuestras interacciones diarias; algo de esta disponibilidad y amabilidad puede estar presente. En todas nuestras relaciones, cuando somos tranquilos, sensibles y disponibles, podemos ayudar a crear un mundo mejor, no sólo para nuestros hijos que necesitan eso de manera especial, sino para todos. Un ambiente de amabilidad, amor, cuidado y disponibilidad. Es bueno para ti, es bueno para mí y – para contestar la pregunta clara y sencilla de George Wald – es bueno para los niños.

Ron Kurtz – Charla en la Cd. De México, Junio de 2000

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