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LA CONTEMPLACIÓN DE LA BELLEZA

Conciencia expandida

«Un gran espacio silencioso contiene en un abrazo la totalidad del mundo natural. Y también te contiene a ti»

-Eckhart Tolle-

Hay un punto común en muchas prácticas meditativas y en diferentes tradiciones: el soporte seguro de los sentidos para experimentar de manera directa el momento presente. Podemos traer la atención a los movimientos de nuestro cuerpo, a las sensaciones que la gravedad produce en nuestra postura cuando estamos meditando sentados o haciendo paseos conscientes, podemos meditar prestando atención a los sonidos, podemos oler o saborear con atención plena, percibir la realidad desde la experiencia del tacto y podemos usar también el soporte de la vista con esa misma intención de estar presentes en la experiencia.

La contemplación de la naturaleza, ha sido y será siempre un vehículo para admirar la belleza de esta Tierra que habitamos. Cuando estamos en medio del campo o de un bosque, en una montaña, sentados al borde del agua o simplemente contemplando el cielo hay algo en nosotros que revive, que se calma y que se expande. Hay una quietud que habita todo el mundo natural y contemplarlo silenciosamente nos hace conectar con esa misma quietud que habita en el centro de nosotros mismos.

Dejarnos invadir por el paisaje, formar parte de él con una actitud de asombro, humildad y gratitud, puede ser una experiencia vivificante y muy curativa. El parloteo de nuestras mentes se aquieta. La respiración se ralentiza. Los sentidos se abren para entrar en conexión con el entorno. Y quizás podamos conectar con una especie de abrazo silencioso, como un regreso a casa, al contacto con nuestra propia presencia aquietada y sin palabras.

Podemos ampliar la sensación de conexión si nos permitimos unos momentos para permanecer inmóviles y sentir el vaivén de nuestra respiración a la vez que percibimos el paisaje a través de los sonidos, la vista, el olfato, las sensaciones en la piel que está en contacto con el aire……

Dejarnos envolver por el abrazo del paisaje y a la vez percibir el movimiento del aliento en nuestro cuerpo, en nuestro pecho, en nuestro abdomen, nos amplía la experiencia al poder ser conscientes de la fuerza de la vida que respira a través de nosotros  y que está presente y latiendo en todo lo que nos rodea. Nos permite recordar que formamos parte del mismo entramado que teje toda la vida en este planeta. Nos permite recordar nuestro verdadero tamaño y desarrollar respeto, admiración y gratitud por la Tierra, por la Madre Tierra como es llamada por algunas tradiciones milenarias.

Siempre que tengamos la oportunidad de conectar con el mundo natural podemos acceder a esta vivencia y profundizar en esa sensación de fundirnos con esa totalidad que nos rodea. Es una de las muchas maneras de conectar con el presente, con la Presencia. Y posiblemente una de las más antiguas y más bellas.

A continuación te ofrezco un vídeo «contemplativo» para que lo puedas percibir a  la vez que sientes tu respiración. Lógicamente no se puede comparar con lo que yo experimenté cuando lo grabé en una pacífica tarde a orillas de la ría do Masma. Falta el olor, la frescura del aire, la experiencia directa de ese momento… pero espero que te ayude a transportarte a una vivencia de silencio interno y de Conexión con la Belleza.

Inmaculada Vallina 

(Foto de Virgina Álvarez Bécares)

 

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